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OPINIÓN

Metarrupción

19 de febrero de 2026

Canal de noticias de Asuntos Legales

La historia corporativa de Colombia está marcada por líderes que entendieron que la inercia es el preludio de la extinción. En su momento, Hernán Rincón asumió la presidencia de Avianca con un mandato claro: convertir una aerolínea tradicional en una empresa digital que vuela aviones. No era un capricho; era una respuesta a la fragilidad operativa. De igual forma, Alfonso Gómez Palacio orquestó en la ETB y luego en Telecom una metamorfosis que salvó al sector de la quiebra inminente, demostrando que la transformación organizacional es la única defensa ante la metarrupción; la disrupción del contexto desde múltiples fuentes en donde ninguna se puede gestionar de forma aislada.

Hoy nos encontramos en una fase donde el cambio ya no es una transición amable, sino lo que los galardonados con el Nobel de Economía 2025 definieron como destrucción creativa. Este concepto nos recuerda que para que el crecimiento sostenido florezca, las estructuras obsoletas deben morir para dar paso a la innovación. En Colombia, la maquinaria de esta destrucción ya está en marcha.

Las cifras no mienten, aunque a veces incomoden al empresario acostumbrado al control intuitivo. Al cierre del año pasado, se consolidó que el 76% de las empresas en el país ya han iniciado formalmente su proceso de digitalización. Más relevante aún es que Colombia ha logrado posicionarse como un líder regional en la adopción de Inteligencia Artificial Generativa; el 22% de nuestras compañías ya ha implementado más del 40% de sus iniciativas de GenAI, duplicando el promedio de América Latina. Este avance ha permitido que durante 2025, el ahorro promedio en tareas administrativas alcanzara los 105 minutos semanales por empleado. Para un CEO colombiano, asfixiado por una complejidad regulatoria y fiscal creciente, estos minutos no son solo tiempo; son oxígeno financiero. La eficiencia operativa ha dejado de ser una métrica de soporte para convertirse en una ventaja competitiva tangible.

La transformación digital no es un proyecto de software, es un cambio de modelo de negocio fundamentado en la agilidad. En el ámbito legal y de gestión de riesgos hemos visto cómo la evolución de la firma electrónica hacia la gestión inteligente de acuerdos (IAM) permite que las empresas aceleren sus ingresos hasta en un 60%. Al convertir los contratos en datos activos, la toma de decisiones deja de depender de la heroicidad de un gerente y pasa a fundamentarse en la precisión de un algoritmo.

El desafío para el empresario colombiano este año no es solo adoptar tecnología, sino gestionar lo que Reid Hoffman llama la superagencia: amplificar las capacidades cognitivas del equipo mediante la IA para alcanzar niveles inéditos de escalabilidad. Esto requiere una estructura de gobernanza sólida, como la que Grupo Aval ha diseñado en su alianza con Microsoft, garantizando que la transformación sea sostenible y no un simple destello tecnológico. El país ha mostrado un dinamismo excepcional en la adopción de soluciones digitales, pero el riesgo de estancamiento persiste si la alta dirección no asume la 'destrucción' de sus propios legados. La transformación es un maratón de largo aliento, no un sprint. Aquellos que sigan empujando la roca de la ineficiencia operativa verán cómo su valor de mercado se erosiona frente a los que han decidido orquestar su propia metamorfosis.

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